La llegada del siglo XX trajo consigo significativas transformaciones en la sociedad. Una de ellas fue el lento, pero progresivo ingreso de las mujeres al mundo laboral. Muchas tuvieron que asumir interspectivamente este nuevo rol, motivadas en su mayoría por problemas económicos, siendo sus hijos los principales afectados, ya que producto de esta situación ya no podrían contar con los abnegados cuidados de sus madres.

Frente a esta necesidad, un grupo de damas católicas, creó el 26 de marzo de 1914, en la Ciudad Jardín, la sociedad de beneficencia "Cunas de Viña del Mar", trasformándose en una respuesta concreta para aquellas madres de escasos recursos que no contaban con un lugar apropiado y digno para dejar a sus pequeños. Inmediatamente las incipientes instalaciones fueron recibiendo cada día una mayor cantidad de pequeños.

De acuerdo a las actas de la época, el primer directorio estuvo conformado por desprendidas mujeres de la sociedad viñamarina, figurando la señora Elena Pena de Lyon como presidenta. La acompañaron también en los inicios María Teresa Brown quien se desempeñó como secretaria y Carolina Blanco de Torres, tesorera.

A poco andar, en noviembre del mismo año, se obtuvo la personalidad jurídica. Bajo el amparo de la Santísima Virgen María y la importante colaboración de las religiosas alemanas Siervas del Espíritu Santo se comenzó a gestar una historia que se prolonga hasta nuestros días.

 

QUEHACER SE EXPANDE

La mortalidad infantil era un índice claro del subdesarrollo de una nación en crecimiento. De cada mil niños que nacían, 300 de ellos morían antes de cumplir el primer año y Chile se transformaba en el paraíso de la peste. Fallecían más niños en Curicó que en Bombay; en Valparaíso y en Viña del Mar que en Calcuta, situación que se veía favorecida por la ausencia de profesionales médicos especializados.

Por esta razón, la sala cuna paulatinamente extendió su quehacer a la atención pediátrica, realidad que obligó al establecimiento a contar con un médico para que velara por el bienestar físico de los menores acogidos y de los pequeños que llegaban de los alrededores. Este sólo fue el germen de un proceso, ya que 1932, mediante escritura pública, la entidad pasó a denominarse oficialmente “Hospital de Niños y Cunas de Viña de Mar”.

Su primer director fue el doctor César Morelli, seguidos por los facultativos: Jorge Figueroa, Carlos Tondreau, Raúl Eberhard, Walter Radrigán y Manuel Barros. En la actualidad, el centro sistencial está a cargo del doctor Humberto Verdugo Berríos.

Por más de cuatro décadas el establecimiento continuó con su misión de sala cuna que siguió con el apoyo de pediatras y cirujanos infantiles, quienes contaron con el abnegado apoyo de las religiosas alemanas.

En los setenta, se comenzó a profesionalizar el servicio de enfermería, arribando las primeras profesionales universitarias al establecimiento quienes fueron fundamentales en el apoyo de la gestión médica.

A principios de los 80’, conscientes de la ausencia de un servicio privado de urgencia capaz de responder a las necesidades de atención pediátrica en el gran Valparaíso, se creó el Servicio de Urgencia del Hospital de Niños y Cunas de Viña del Mar con atención las 24 horas del día, asimismo, se implementó el Servicio de Rayos y Laboratorio; con el propósito de apoyar el diagnóstico de las patologías.

 



SERVICIO DE CIRUGÍA,
UN REFERENTE NACIONAL E INTERNACIONAL

Hasta 1964, en el Hospital de Niños y Cunas, la actividad quirúrgica era desarrollada ocasionalmente por el distinguido pediatra del establecimiento doctor Carlos Tondreau del Solar y por facultativos provenientes de otros centros de salud de la región.

Ese mismo año, retornó de una beca por Europa, el doctor Walter Radrigán Vogel, quien realizó diversas pasantías, gracias a la Fundación Brown, en prestigiosos centros de cirugía infantil y plástica de Inglaterra, Francia, Alemania y España.

A su llegada, el facultativo, junto al doctor Tondreau, estructuró un equipo estable en el establecimiento, dando solución a casos quirúrgicos infantiles, en especial, a menores quemados, con paladar fisurado o con imperforaciones anales, transformándose, en el corto tiempo, en un punto de referencia a nivel nacional en la atención de este tipo de complicaciones.

Posteriormente, la Unidad de Pediatría de la Armada, que funcionaba por esos años en un edificio anexo al Hospital, transfirió su actividad quirúrgica al naciente servicio, el cual en la década de los setenta, recibió, entre sus filas, a los doctores Marcelo Araya (1972) y Gustavo Rojas (1979).

Por esos años, el Servicio de Cirugía se integra activamente a la actividad científica nacional e internacional, hecho que le valió, en 1978, el reconocimiento como “Servicio de Cirugía Infantil” por parte de la Sociedad Chilena de la especialidad, presidida por el doctor César Izzo.

También, durante esos años, el Servicio de Cirugía impartía docencia de postgrado a los becados de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile, sede Valparaíso. De esta relación, alumnos de la citada casa de estudios superiores decidieron seguir medicina como segunda carrera, integrándose al equipo, en 1980, los doctores Humberto Verdugo y Carlos Farías; asimismo, esta situación favoreció al desarrollo de técnicas especiales en cirugía cráneo órbito facial y microcirugía.

En la senda del progreso y desarrollo del servicio, en 1982, se organizó con gran éxito el Simposio “Internacional de Cirugía Ano Rectal”, con la presencia de autoridades mundiales en la materia como el profesor italiano Franco Soave y el especialista uruguayo Orestes Sbarbaro.

Dos años después, en 1984, se integra al Servicio de Cirugía el doctor Víctor Montaner Huerta.

En 1987, el equipo se consolidó en la comunidad científica internacional gracias a sus pioneros trabajos en la transferencia de colgajos libres microquirúrgicos y reimplantes, resultados que fueron presentados con éxito por los doctores Marcelo Araya y Humberto Verdugo en la “II Jornadas de Cirugía Plástica del Cono Sur” y en el “I Congreso Uruguayo de Cirugía Plástica”. Del mismo modo, las experiencias en cirugía cráneo órbito facial, fueron compartidas en diversas tribunas de la especialidad por los doctores Walter Radrigán y Carlos Farías, cuyos satisfactorios resultados fueron recibidos con beneplácito por la comunidad médica.

En sus más de 43 años de existencia, el Servicio de Cirugía del Hospital de Niños ha recibido importantes reconocimientos, entre ellos sobresale, el premio nacional de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica y Reconstructiva al mejor trabajo científico del año 1988 sobre “Colgajos Libres”, efectuado por el doctor Marcelo Araya y colaboradores.

También destaca que sus profesionales han ocupado importantes cargos en entidades nacionales. Entre ellos figuran, la vicepresidencia del doctor Araya en la Sociedad Chilena de Cirugía Infantil y la vicepresidencia del doctor Radrigán en la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica y Reconstructiva.

Además, resalta la activa participación del servicio en reuniones interhospitalarias regionales en materias relacionadas con Cirugía Infantil, Plástica y Oral.

En la actualidad, el Servicio de Cirugía imparte docencia de post grado a la Facultad de Odontología de la Universidad de Valparaíso y se ha integrado al convenio que el Hospital de Niños ha realizado con la Universidad Andrés Bello.

En el presente, el equipo de cirugía del establecimiento es encabezado por el doctor Marcelo Araya Rosales y está conformado por siete especialistas de reconocida trayectoria.

INSPIRACIÓN CRISTIANA

Como institución fuertemente ligada a la Iglesia Católica y la Diócesis de Valparaíso, el aplicar los principios del evangelio en el quehacer cotidiano del centro asistencial se ha transformado a lo largo de su historia en una misión permanente.

A pesar de ser una entidad privada sin fines de lucro que se autofinancia para subsistir, la labor social y de apoyo a quienes más lo necesitan se ha trasformado en una tarea que se cumple en forma permanente.

Durante este último tiempo, se ha prestado una asistencia integral a los niños y niñas que pertenecen a obras de beneficencia como el Refugio de Cristo, Patronato de los Sagrados Corazones, entre otras obras de caridad de la V Región. Actualmente, el Hospital de Niños y Cunas efectúa un promedio de cuatro mil atenciones gratuitas anuales, manteniendo diariamente fieles al legado que les fue encomendado por sus fundadores.

LIDERAZGO

En el centro asistencia trabaja un total de 145 funcionarios, de los cuales 35 son profesionales médicos, quienes se desempeñan en conjunto, manteniendo la excelencia del centro médico.

El Hospital de Niños y Cunas de Viña del Mar es la única institución pediátrica privada en la zona que se ha dedicado preferentemente a la atención de menores.

Años de trayectoria y buen servicio, avalado por un gran nivel tecnológico y profesional, hacen de esta institución uno de los centros de salud especializada más importantes del país.

 

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